CARTAS SIN REMITENTE PARA UNA UTOPÍA QUE NO ESPERO🌹
Mil noches encendida, llamándote sin duelo.
Quería que amaras mis grietas, que habitaras mi suelo.
Me apagué. Toqué el cielo.
Ahora soy luciérnaga en el alféizar de mi anhelo.
Lumbre que no exige, que no compra y que no ruega cielo.
Si te roza en la noche y preguntas de qué astro cayó al suelo...
entonces mi silencio al fin alzó su vuelo.
Clausuré el museo del pecho, puse candado al celo.
Entrada libre al silencio, billete roto al desconsuelo.
Guardé los lienzos rotos, velé espejos sin gemelo.
Dejé una pluma en la ventana, por si el viento sabe de rezo.
Golpeé mil puertas ajenas cargando la mía sin recelo.
Tracé mapas en mi piel con tinta de deshielo.
Mientras yo anclaba utopías, tú buscabas otro puerto sin desvelo.
Confundí intensidad con profecía, y el deseo con señuelo.
Porque la sed bautiza océano a cualquier vaso de hielo.
Porque amar es química que vuelve ciego el ojo al velo:
la amígdala se duerme, la dopamina incendia el pelo.
Y uno jura eterno lo que es solo trazo en el suelo.
Mil intentos me costó entender la tesis sin modelo:
la utopía no se explica, se habita o es duelo.
Y yo elegí habitarla. Sola. Sin miedo.
Sin dueño.
Se me agotó la fuerza de alumbrar pasillos sin consuelo.
Se me acabó la prisa de que vieras mi veneno.
Parte de reconstruirme fue abandonar la idea sin recelo,
no el amor: la idea era mi cepo, mi anzuelo.
Ya no te escribo. Le escribo al viento.
Ya no muestro. Reposo. Me reinvento.
En la paz inmensa que deja soltar el argumento.
Si una brisa te trae esta pluma y te sabe a casa sin cimiento,
a sal, a final, a página sin lamento...
sabrás que un día te escribí sin escribirte un acento.
Y vuelo más ligera.
Entre arrugas y abandono: aquí reposa mi utopía entera.
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