ANATOMÍA PARA SALIR DE LA OBRA

Hay que cruzar el telón sin miedo al frío.  
Pisar la escena donde sangró el estío.  
Oler la casa vendida, el eco vacío,  
el "no" que aún retumba como un desafío.  

No se juzga la lágrima: se documenta.  
No se cierra la herida: se cuenta.  
La emoción es prueba. Se presenta. 
No se esconde. Se nombra. Se enfrenta.  
 
Apaga el violín. Silencia el engaño.  
La luz blanca no miente, no tiene rebaño.  
Aquí no hay "culpa", no hay "daño":  
hay "dato", hay "fecha", hay "año".  

Se vendió. Punto.  
Se partió. Punto.  
Se lloró. Punto.  
El adjetivo es maquillaje. El verbo es punto.  

Sal del escenario con libreta en mano.  
Mira desde la butaca, no desde el llano.  
Pregunta seco, pregunta humano:  
¿Esto fue así o fue plan de mi mano  
para no romperme temprano?  

¿Qué escribió el miedo con tinta oscura?  
¿Qué escribí yo con mi firma pura?  
¿Qué diálogo repito por sutura  
y qué me cuesta esta partitura?  

Si la herida declara, se escucha.  
Luego se archiva en carpeta mucha.
"No se le da escenario. No se le da lucha".
Se le da gracias. Y se desenchufa.  
 
Amplía el plano. Busca el contexto.  
Mira el hambre fuera del texto,  
la deuda, el sistema, el pretexto.  
Nadie llora en vacío: todo tiene resto. 

Entender no es poner en bandeja.  
Es ver que el marco también se queja.  
Que el "villano" a veces solo refleja  
otra obra, otro guion, otra reja.  
 
La historia fue. Ya no se despierta.  
No se borra. No se reinventa.  
Se comprende. Se sustenta.  
Se le agradece la fuerza que aumenta.  

Porque mientras duermes con el fantasma  no hay cama para el presente que plasma. 
Hay que pedirle al personaje que se vaya  
para que entre la vida que hoy te ensaya.  

La objetividad no es desecho.  
No es hielo. Es techo. Es derecho.  
No te quita el dolor: te quita el hecho  
de vivir presa en tu propio despecho.  

Te devuelve el verbo "elegir", "crear", "deshacer".  
Te baja del drama para hacerte nacer.  
"Atravesar la obra sin perecer", 
sentir el fuego sin arder,  
y salir con luz en el atardecer...  
eso es vencer. 

Quedarse adentro es bucle que marea.  
Quedarse afuera es negar la pelea.  
"Entrar con ojos de CSI, sin marea,  
llorar lo justo, anotar la idea,  
y salir con actitud de quien ya crea...  
eso es odisea".

Porque la meta no es no sentir.  
Es sentirlo todo y no dimitir.  
Es usar la cicatriz de carril  
para no volver al mismo perfil.  

Y tú, 
¿en qué acto dejaste el lápiz  
y en cuál te atreves a escribir el matiz?  




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