CARTAS QUE NUNCA ECHÉ EN EL BUZÓN: DE NIÑA DE SAL A MUJER DE MAR.

Una poesía para quien dio sin recibo, se rompió sin ruido y se volvió puerto de sí misma.

Niña de sueños y sal,  
de maleta sin postal.  
Buscabas lo puro, lo real,  
el alma ajena, su cristal.  
Si algo hería o era umbral  
que no entendías, brutal,  
te alejabas sin señal.  
Silencio fue tu vendaval. 

Creciste. Seguiste soñando igual,  
pero tejiste un mundo personal.  
Proyectos, fuego, luz vital,  
cada logro, un ritual.  
Mas tu paz era condicional:  
si el otro reía, tú estabas cabal.  
Dabas sin cuenta, sin fanal,  
porque abundante te creías, total.  
El universo te daba. Tú dabas global.  

Te enamoraste del aura, del gesto leal,  
del que parecía manantial.  
Velabas, curabas todo mal,  
eras puerto, eras panal.  
Y un día el mundo se volvió metal. 
Se acabó el caudal.  
La vida golpeó, puntual.  
Y viste: lo dado no fue recíproco. Final.  
Despertaste. La precisión fue puñal.  

Más aún cuando el vientre se hizo catedral.  
Cuando fuiste madre, animal  
que defiende a su cría del chacal.  
Ahí el mundo se partió, radical:  
Mitad afuera, grito social.  
Mitad adentro, leche y pañal.  
Y entendiste: darte entera no es darte igual.

Y justo ahí, en el contraste brutal,  
entre el metal y el pañal,  
tocaste fondo y tocaste umbral.  
Conectaste con lo espiritual.  
Eso que no se ve, pero es real.  
Eso que te levantó, puntual,  
cuando ya no quedaba caudal.  
Te explicó el golpe. Te dio señal.  
Te devolvió a la niña de sal...  
pero ya no eras solo cristal.  
Volviste con punto medio, central.  
Con fuerza que no es normal:  
sobrenatural.  
Con resiliencia de roca y coral.  
Con un radio nuevo, universal.  
Antes cabía un mundo. Hoy cabe un temporal  
y aún te sobra espacio para abrazar al rival.  

Hoy te escribo sin sello postal.  
No para que vuelvas. No es funeral.  
Es para decirte: soñar sigue siendo vital,  
pero que el sueño te incluya a ti, esencial.  
Que tu paz no dependa del juicio final  
de quien no supo cuidar tu caudal.  
 
Quien da sin mirarse, se vuelve irreal.  
Quien se rompe y se abraza, se vuelve inmortal.  
No busques fuera el manantial.  
El agua eres tú. Y eso es capital. 

Duerme, niña de sal.  
Despierta, mujer de mar.  
El puerto eres tú. Y ahora el mar...  
también es tu hogar.  



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