CRÓNICA DEL AVE QUE MUDÓ DE CIELO 🪽
Vine del País donde la Guacamaya se desangra,
donde el sol es un rey que reparte sal y zangra.
Con la cría de seis meses dormida en mi pecho,
soñaba al Reino del Oso y el Madroño un techo.
Dejé la Tierra del Ávila en vela y llagada,
que me enseñó a ser balsa en marea enconada.
Allá se herrumbró el birrete, se astilló la escalera,
la vara de medir fue hecha de cera y quimera.
Fui Doña Hallaca de manos consagradas,
Don Todero de faenas mal pagadas,
y el Señor Trancado de esperanzas cansadas.
Porque salir a flote con mi cría era la llamada.
Besé la Puerta del Sol con el mapa extraviado,
atontada y ajena, con el ruego guardado.
Entre la Dama Extranjería y su lacre sellado,
y el Señor Empadronado con gesto envarado.
“No das la talla”, me grita la Plaza Mayor,
te falta el pergamino que firma el regidor.
Te sobra la deuda que ruge en tu ascensor.
Y el Caimán del Alquiler me desgarra el costado,
mientras Doña Academia me tasa el pasado.
Velo con la luna, mi fiel madrina,
meciendo a la cría que ya no es neblina.
La transformo en moneda que el reino adivina.
Ya con la rúbrica del Rey en mi destino,
me yergo en la arena, afirmando el camino.
Y advierto que el ruedo es un Babel sin fin,
el Hijo de Damasco con su luto y su afín,
la Niña del Baobab con su canto en latín,
y el Heredero de Red que nació en el confín.
Todos con remo nuevo y hambre de festín,
tejiendo en el mismo telar de motín.
La Guacamaya no muere por mudar de rama.
Trueca el trino, pero no traiciona la llama.
Soy la misma, con el vuelo hacia otro confín,
con la hallaca en el alma y mi cría en patín.
Dos años han pasado de esta nueva faena:
mi cría ya camina por tierra ajena.
Del Ávila al Manzanares va mi peregrina,
el suelo es ajeno, la sed es genuina.
Ningún exilio te amputa ni te domina:
la raíz es viajera, aunque la tierra se arruina.
Me he aprendido a alzar en suelo forastero,
y aunque falta camino, ya bendigo el sendero:
aprendí a querer esta tierra que nos dio su alero,
que sin ser nuestra, nos tendió su puchero.
El porvenir se borda con aguja certera,
con memoria, con libros y con la fe verdadera.
Aunque empieces de cero, no empiezas sin bandera.
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