DEL NUDO HEREDADO AL LAZO ESTRENADO
Antes fui prenda cosida
con hilo de voz prestada.
“Por aquí se pasa, niña”,
“esto así no se desata”.
Guardé dentro un costurero
de frases que no eran mías.
Creí que vivir entero
era no salirse de la guía.
Hasta que un pie chico y fiero
pateó dentro y cambió mi día.
Lo que llega sin avisar
no pregunta si hay lugar.
Se hace hueco al respirar
y entra luz por el desván.
Vi casas dentro del techo,
niñas sentadas derecho,
hombres con el grito al pecho
y el pecho cerrado al hecho.
Me vi niña entre retales,
aprendiendo los dedales
que escondían los metales
de otros miedos ancestrales.
Lo que me dieron fue abrigo
y también soga al testigo.
El abrigo me sostuvo
cuando el frío fue enemigo.
La soga me ata conmigo
cuando intento otro postigo.
Alguien breve me ha plantado
un espejo sin candado:
¿qué le dejas, el atado
o la aguja para el hado?
Lo sentí bajo mi ombligo,
respondiendo a mi castigo
con un vuelco de ese trigo
que ya crece sin abrigo.
Hoy me miro las dos palmas.
Son de abuela, pero con alma.
Huelen a bies y a canela,
a noche en vela y a tela.
Elijo el zurcido en calma
que deja ver la trama.
No quiero que estrene piel
con mi roto de cordel.
No se trata de no errar.
Se trata de no vendar.
De ser quien nombra el callar
y luego lo hace cantar.
La que cose en la cintura
un bolsillo sin fisura
donde guarde su ternura
sin mi vieja cerradura.
No remiendo para deuda.
Deshago para que pueda.
No vino a ser mi calco,
vino a cambiarme el marco.
Y este marco ya no cuelga
relojes de otra conseja.
Por eso escribo y desato.
Por eso corto y relato.
Para que su primer rato
sea estreno, no mandato.
Para que el árbol ya viejo
dé sombra, pero no espejo
que le dicte el aparejo
de un andar que no es su dejo.
Y si me tiembla la mano
al cortar el hilo vano,
que lo sepa el ser humano:
lo hago por mi, por su mano.
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