NADIE TE DICE QUE FIRMARÁS CON SANGRE: EL Contrato oculto de ser madre.

Para las que paren con el alma y alumbran con la cicatriz.

Nadie te advierte, mamá, del papel que no se sella. 
Te entregan el bulto tibio, te dicen "enhorabuena", 
y bajo la cuna te esconden el contrato que estrella: 
firmado con sangre, con sal y con condena.

Desde ese día tu nombre se ahoga en la marea. 
Ya no eres Jos, ni Ana, eres "mamá de" alguna estela. 
Tu cuerpo es casa ajena, tu sueño es deuda ajena, 
y tu llanto aprendió a callar... hasta que él se duerma en la arena.

Te vuelves sombra con miedo tatuado en la vela. 
Miedo a no dar la talla, a que el padre no vuelva. 
Miedo a que el mundo lo quiebre si tú no lo velas, 
miedo a quebrarte tú misma y que él, chiquito, te duela.

Y hay partos que no se cuentan, mamá, que se graban.
Con bisturí en la carne, con piel que se desgarra. 
Te abren en canal para arrancarle la vida a la duda, 
y sales del quirófano entera... aunque el alma desnuda.

Porque hay un corte que no cierra, pero no es herida:
es grieta por donde entraste gigante a otra vida.
Te cosieron con hilo, pero por dentro con gloria, 
y esa cicatriz, mamá, es tu faro, tu historia.

Ahí entiendes el poder que te desborda del pecho:
Que diste vida partida en dos y aún así, al acecho, 
te levantas al llanto, le das teta con el vientre ardiendo, 
y meces con una mano mientras la otra va muriendo... 
y naciendo.

Firmas guerra sin tregua, sin manual y sin red, 
juras protegerlo del padre si un día cambia la piel. 
De la abuela que opina, del mundo que señala con sed, 
y de ti misma cuando la culpa te muerde a las tres 
por soñar cinco minutos sola, tras la puerta del baño, 
con el oído en su llanto... y odiándote otro año.

El futuro te pesa en la ojera que no miente. 
"Porvenir" ya no es palabra, es fiebre, es pañal urgente. 
Trajiste vida sin mapa, con el alma remendada al frente, 
y finges que conoces la ruta aunque por dentro revientes.

Y la letra más chica, la que te clavan sin duelo: 
Si te quejas eres mala. Si te cansas, es tu anhelo. 
Si lloras te dicen "disfruta, que el tiempo es vuelo"... 
¿Y quién te aplaude a ti por no tirarte del cielo?

Pero escúchame bien, Farera que me lees con la luz rota:

En ese mismo contrato, con tinta invisible y devota, 
firmaste hacerte faro en la tormenta más idiota.
Firmaste rugir bajito para no quebrar su sueño, 
y amar con un cuerpo extraño que ya no tiene dueño.

Firmaste ser humana, ser bestia y ser diosa 
en la misma noche larga, sin pétalos, sin rosa. 
Firmaste entender que el amor no es postal ni prosa: 
es ojeras, es cicatriz, es "mamá" y es fosa... 
y aún así, hermosa.

Nadie te leyó el contrato, mamá, y eso cala hondo.
Pero hoy te lo leo yo: lo honras aunque el mundo 
te mire y no vea el faro que ardes en lo hondo. 

Porque la maternidad que no se nombra ni se cuenta, 
es la que te hace inmortal aunque a ratos te sientas muerta. 
Es la que te parte en dos para hacerte completa. 
Es la que te abre la carne para cerrarte la grieta.

Y si hoy firmaste con temblor y con el vientre cosido, 
mañana firmas con orgullo, con el pecho encendido. 
Porque él no te hizo solo madre, no te dejó en olvido... 
te hizo leyenda con cicatriz y con latido

Tú eres el faro ahora, aunque a veces solo seas vela. 
Aunque a veces tu luz alcance para ti, y te duela. 
Alumbras. Y eso basta. Y eso vuela. Y eso sella.
Que pariste con el cuerpo y naciste tú con ella.









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